viernes, 6 de agosto de 2010

LA FRONTERA DESAPARECIDA

Y así fue. Cuando tenías aquella edad y empezabas a descubrir aquel espacio tan cercano en tu derredor, que te pareció un mundo lejano. Así, poco a poco decidiste cruzar la frontera y comenzabas a conocer lo que hasta hace poco había sido para tí un lugar desconocido. Nuevos territorios se abrían a tu paso, y con ellos nuevas caras, nuevos lugares, nuevos y largos atardeceres. Conociste la solitaria calle Sierpes de los domingos por la mañana, y en ella, a Vicente, el "del canasto"; luego las Vegas de los futbolines, el kiosko verde de la Pila del Pato, Casa Calvillo, los coches locos del desértico Prado, el vacío Monte Gurgugú del deshabitado Parque, la solitarias murallas macarenas, el descampado y arbolado de Chapina, las peleas en la Plaza del Museo, el cartelón del cine Emperador, el albero de la Gavidia, las vacías vías de Torneo, los besos en los derribos, el Hostal Suiza camino de la parada del 34, la música de la Calle del Infierno, el autobús hacia Pino Montano....

Con el transcurso de los años, aquellas fronteras que separaban tu terreno, fueron difuminándose poco a poco. Te fuiste haciendo mayor y aquellos lugares que envejecieron contigo fueron desapareciendo de tu vista. Ahora, te mueves por otros menesteres y las ilusiones, ímpetus y expectativas han ido menguando; sin embargo, a veces, dentro de ese pequeño espacio que dedicas a tu soledad, a veces miras a tu alrededor y pareces buscar con tu memoria aquel momento que descubriste penetrando en aquellos lugares desconocidos, aquella fotografía que nunca revelaste de aquella frontera desaparecida en la noche de los tiempos.

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